Xantolo
lunes, 20 de octubre de 2014
Este es un video de las xantolo en huejutla
http://www.youtube.com/watch?v=Wuh7ftqrCTI
Huejutla, Hgo., 2 de noviembre. Una vez más, como cada año, el dios Miktlantekojtli otorgó su permiso para que los espíritus de los difuntos salieran del Mictlán o Reino de los muertos, y pudieran, así, emprender el viaje de regreso a la tierra para visitar a sus familiares y seres queridos que aún viven.
Por estos días, provenientes de la orilla del Semijkayotl o Eternidad, los niños y adultos ya fallecidos estuvieron entre los todavía vivos para comer, beber y danzar ataviados con máscaras y disfraces, herramientas fundamentales a fin de poder burlar a la muerte, obstinada en llevarse sus ánimas.
Los espíritus llegaron guiados por los cohetes lanzados desde las casas, por los caminitos amarillos de pétalos de flor de cempasúchil que sus familiares hicieron desde los altares hasta la calle, por el humo del copal salido de los sahumerios y por los arcos floridos colocados ante las ofrendas, famosos aquí en la Huasteca.
Se trata de una fiesta de recogimiento y alegría, de una fiesta de vida organizada por los vivos en honor a los muertos, como indican las más ancestrales creencias indígenas, y no en honor de todos los santos, como lo propone el calendario del cristianismo católico.
Aunque en realidad lo que se observa en gran parte de las ciudades y pueblos es un sincretismo entre el antiguo Mijkailuitl o Fiesta de muertos y el Xantolo, voz nahuatlizada referida a la palabra en latín Sanctorum que, en español, quiere decir Todosantos.
De hecho, el Mijkailuitl mesoamericano se celebraba dos meses antes de las actuales fechas católicas, el 31 de julio y el 1° y 2 de agosto, como explica el lingüista, profesor, comunicador y respetado promotor cultural nahua Refugio Miranda San Román.
http://www.youtube.com/watch?v=Wuh7ftqrCTI
Huejutla, Hgo., 2 de noviembre. Una vez más, como cada año, el dios Miktlantekojtli otorgó su permiso para que los espíritus de los difuntos salieran del Mictlán o Reino de los muertos, y pudieran, así, emprender el viaje de regreso a la tierra para visitar a sus familiares y seres queridos que aún viven.
Por estos días, provenientes de la orilla del Semijkayotl o Eternidad, los niños y adultos ya fallecidos estuvieron entre los todavía vivos para comer, beber y danzar ataviados con máscaras y disfraces, herramientas fundamentales a fin de poder burlar a la muerte, obstinada en llevarse sus ánimas.
Los espíritus llegaron guiados por los cohetes lanzados desde las casas, por los caminitos amarillos de pétalos de flor de cempasúchil que sus familiares hicieron desde los altares hasta la calle, por el humo del copal salido de los sahumerios y por los arcos floridos colocados ante las ofrendas, famosos aquí en la Huasteca.
Se trata de una fiesta de recogimiento y alegría, de una fiesta de vida organizada por los vivos en honor a los muertos, como indican las más ancestrales creencias indígenas, y no en honor de todos los santos, como lo propone el calendario del cristianismo católico.
Aunque en realidad lo que se observa en gran parte de las ciudades y pueblos es un sincretismo entre el antiguo Mijkailuitl o Fiesta de muertos y el Xantolo, voz nahuatlizada referida a la palabra en latín Sanctorum que, en español, quiere decir Todosantos.
De hecho, el Mijkailuitl mesoamericano se celebraba dos meses antes de las actuales fechas católicas, el 31 de julio y el 1° y 2 de agosto, como explica el lingüista, profesor, comunicador y respetado promotor cultural nahua Refugio Miranda San Román.
Cuadrillas
Dentro de las festividades del Xantolo se realizan las cuadrillas, bailes típicos en los cuales los hombres se disfrazan de mujeres y se ponen mascaras con distintos diseños. Estas personas acuden a las casas a mostrar su bailes al ritmo del son huasteco, de huapangos y de bailes tradicionales como la “danza del comanche”. Los niños desde muy pequeños comienzan a practicar las cuadrillas y de esta manera se van heredando de generación en generación
EL ARCO
Se construye sobre una mesa de madera, se amarran dos arcos de varas flexibles y se unen a través de siete travesaños que significan el paso de los siete ríos mitológicos de las leyendas de los pueblos prehispánicos.
El arco se cubre con ramas de estribillo y se adorna con ramilletes de flor de sempaxochitl, bojolillo o mano de león; en la parte frontal se colocan a manera e cortina, collares de flores llamados rosarios. Las ramas, flores y frutas que adornan el arco son amarradas con izote.
El arco es sahumerado con la resina de un árbol llamado copal. A cada alma que se espera en la fiesta se le coloca una vela sobre un burrito de barro o en agujeros hechos sobre un tallo de plátano.
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